viernes, 22 de junio de 2012

AGUAS PROFUNDAS


     Tiempo aproximado de lectura 2 minutos 13 segundos.
 
   Recorre el frío su ancho invierno. El atardecer moja de rojo las primeras sombras. Una mirada vuelca olvido, y recorre la calle que separa al caserío del mar. Como venido del trópico sus brazos desnudos hacían asco al frío. Pensaba que en el más allá no existían éstas pequeñeces, que las sensaciones estaban como en una película sin afectar para nada a los actores el clima del lugar. Su rostro estaba marcado por la sensación más lúgubre, a cada instante más oscuro. Era como si absorbiera aquel día para tomar de él las sombras. La espalda ancha se había doblado por los años, pero sus ojos eran naves sin olvido, luceros imbatibles por la noche. Se detuvo un instante; su mano fue a la cintura, y la sangre mojó su mano. Sus dedos le dieron el último ánimo, el último soplo de vida. Como un remolino se volvió. El dolor le arrugaba la garganta, quería decir algo, maldecir, pero la sangre ya estaba en su boca. Volvió sobre sus pasos, corrió sobre sus pasos. No quería huir, volvía para matar o morir, huir no lo llevaría a ninguna parte. Aquella herida era sin vuelta, le llevaba la vida, entraría en la muerte con los ojos de un vengador, con la sangre del otro entreverándose con la suya. Se detuvo; su mano sobre el tronco de un árbol le impidió caerse. Tomó aire como si fuera la última bocanada para insuflarse vida. Una mano de mujer lo sostuvo. Le pareció aquella piel tersa todo un cielo, todo un arco iris que explotaba delante de él. Buscó más piel y tropezó con unos ojos llenos de perdón. Se dejó llevar por aquella mirada. Entró en una habitación teñida de una luz opaca. Sentía una puerta que se cerraba tras de él, y otra...y otra. A su frente el mar se abría casi a sus pies. Le llegaban perlas de agua que mojaban su rostro. Respiró profundo como para  llenar el último vacío de sus entrañas. Sentía arena húmeda en sus pies ahora descalzos. El olor a  brea de mar lo rodeaba invisible como el aire, suave, como aquella piel que acariciaba. Mar adentro un faro daba señales de vida intermitente. Cada fogonazo de luz sus ojos sufrían, pero esa luz le daba vida. Los abrió bien grandes para atraerla más. La luz como agua de catarata imparable lo invadió, tomó su cuerpo. Las algas lo envolvían, la arena le daba ese tono dorado a su piel que tanto ansiaba. Iluminado quería alcanzar el reflejo de un pájaro nocturno. Ilusionado, se lanzó a las aguas profundas para revivir.

Prudencio Hernández Jr. (c) junio 2012. 


13 comentarios:

Verónica C. dijo...

De vuelta al líquido elemento, Prudencio, donde nos acoge maternal para revivirnos y darnos paz.

Aguas profundas, azules oscuras donde nos fundimos.
Y hay luz.

Besos, que tengas un buen fin de semana

Sara O. Durán dijo...

Que así no tome. ¿Te imaginas? querríamos morir todos los días.
Te quedo de una gran belleza. Un abrazo de fin de semana y mis mejores deseos para ti.

. dijo...

Yendo a la profundidad de nuestras aguas, tenemos la posibilidad de revivir...morimos y revivimos en vida...Te quedó genial Prudencio.. gracias `por ser y estar..buen día

Marinel dijo...

No he mirado el tiempo aproximado que me ha llevado leerlo,porque cuando una lee cosas bonitas,el tiempo no existe.
Hundirse para salvarse,es lo que me queda de tu hermoso texto.
Besos.

HUMO dijo...

Los mejores mistrios se esconden allí :) PRECIOSO!

Juan L. Trujillo dijo...

Has conseguido emocionarme con la bella prosa de esta llamada de amor y vida, desde las profundidades abisales.
Un abrazo.

Puri Martins dijo...

Me ha ocurrido como a nuestro común amigo y que tengo algo abandonado, Juan L.Trujillo y es que me emociona tu texto..tan lírico...tan bien dibujado...tan real...y tan intenso....que da igual el tiempo que necesite uno para leerlo..por que leer cosas así embellecen el alma. No podría ser de otra manera..el que tiene alma de poeta siempre la muestra.
Gracias Prudencio por alegrarnos la vida con tus escritos

MAJECARMU dijo...

Prudencio,gracias por tu visita,amigo.
Tu texto es una experiencia extraordinaria,que me ha llegado muy hondo...En un momento crucial entre la vida y la muerte llega esa mano de ángel,que nos dirige hacia buen puerto...El mar nos abraza y nos cura,nos devuelve la esencia de la vida.
Mi felicitación y mi abrazo grande.
FELIZ SEMANA,PRUDENCIO.
M.Jesús

MAJECARMU dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lichazul dijo...

el mar es elemento primigenio, el útero de la vida
es mi deseo volver a él sea en ceniza

precioso y hondo texto Prude
besitos y feliz semana

Rafael Mulero dijo...

Querido amigo Prudencia: una delicia de relato en frase corta, concisa y bien construido. No sé por qué me viene a la cabeza la lectura de Azorín. Un abrazo.

Rosana Martí dijo...

He sumergido mis sentidos en estas aguas y he refrescado mis sentimiento. Precioso leerte amigo Pruden.

Un fuerte abrazo con mi cariño.

Sneyder dijo...

Profunda experiencia, entre la vida y la muerte vivida, llegar a las profundidades para de nuevo volver a vivir ....muy duro por que lo he sufrido....pero ese soplo de esperanza me devolvió el aliento el abrazo de vida....

Gracias por tu comentario Prudencio.

Un fuerte y cálido abrazo