viernes, 13 de mayo de 2016

Naturaleza muerta

 Después de un día ligero que se iba lánguido como esparciendo el canto lento del jilguero, que quedaba estampado en las hojas que lo cubrían, no sucedía nada….., sería un día más.
   Qué tenía la noche que nada traía y todo se llevaba, como aquellas nubes plomizas casi como el cielo, parecían caer sobre el horizonte desesperadamente sin desaparecer del todo. 

 Era tanta la calma que cortaba el aire con su impaciencia. Sus ojos al fin divisaron un movimiento, una silueta se acercaba. Era un jinete en corcel blanco, contraste del día que se iba. 

      Le pareció que hacía un rodeo para llegar al lugar. Sus ojos no parpadeaban, fijos como las estrellas lejanas que ya asomaban. 

     Esperaría la noche para llegar, se preguntaba.Y si le hago una señal para acelerar el encuentro.
     Todo se preguntaba, nada le respondía.
      La distancia era una recta que se acortaba, y de unos ojos que se desfiguraban, sintió el filo de su mirada como un puñal.
      Se inquietó y su inquietud pasó al perro que retozaba sobre la tierra seca; que tieso se levantó oteando el horizonte.
      Un sonido a cascos ya le llegaba. Las sombras dibujan alargadas manos buscando la luz. El perro gruñó; y él tomó una actitud defensiva.
      Se achicó de hombros y dobló las rodillas. Al instante sintió un silbido sobre su cabeza y un estampido que le seguía.
      Se quebró definitivamente la tarde.
       La segunda bala no fallaría se dijo, estaba muy expuesto.
        El caballo como desbocado bien frente a él se agrandaba, mientras su cuerpo hacia contacto con la tierra.
       En su mano brillaba, consumiendo la última luz del día, un Colt 45. Los disparos definitivamente barrían al silencio arrinconándolo en la lejanía de árboles y rocas.
       La fiereza del encuentro llenó de rojo el atardecer. Solo un perro aullaba sobre un cadáver, y un caballo blanco sin jinete se volvió negrura al internarse en los senderos de las montañas.
        La muerte se quedaba en los paisajes, naturaleza muerta.

2 comentarios:

María Perlada dijo...

Me alegra que sigas escribiendo, echaba de menos tus letras.

Un beso.

Juan L. Trujillo dijo...

Un bello relato, a pesar de su tristeza. Me alegra tu vuelta. Se necesitan tus bellas metáforas y el acompasado sonido de tus versos.
Un abrazo.