Sentí la necesidad de no estar más en ese lugar, de dejar mi silencio pegado a la inmensidad inescrutable, dejarlo arrastrar por el suelo lúgubre como una pregunta sin respuesta. La necesidad de callar la voz hasta de mi consciencia, de no emitir sonido hasta salir de ese lugar. No dejar marca que me pueda identificar, no dejar ni el vaho de mi cuerpo inerte que atravesaba solo tiempo; dejaré sí, perderse, trazos de miradas entre los recuerdos oscuros y los colores cambiantes del ahora. No habrá existencia, ni mis huellas se adentrarán en la historia, ni en el futuro; no anotaré en la memoria esa secuencia distinta de muerte y vida reales, de cielos e infiernos inventados que se fueron como las nubes que no se detienen ante el horizonte. Nadie sabrá que estuve allí. No encontrarán el moho en mis ropas húmedas de lágrimas, no podrán saber que estuve en un más allá inmaterial, irreal, oscuro, y he regresado en alas de un suspiro, para volver a empezar.
Prudencio Hernández Jr. (c) 2012
